Reportaje

Una tarde en busca de: El Madrigal

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Por Jhon Fredy Mesa.

Madrigal o Bigeye Trevally (Caranx sexfasciatus)

Es una de las especies de la gran familia Jack Carangidae. Habita las aguas de los océanos Índico y Pacífico, Golfo de México, las costas de África, Australia y el norte de Japón.

Es una especie mayormente costera y de arrecifes hasta los cien metros de profundidad. Este pez, es codiciado por lospescadores deportivos debido a la gran resistencia a la captura y su fuerza en cualquier modalidad de pesca, desde Fly hasta Popping. Se mueve generalmente en grandes escuelas durante el día, siendo más agresivo durante las noches, donde busca alimentarse de cualquier especie pequeña de peces, crustáceos, moluscos, etc. Debido a su agresividad, se puede capturar con casi cualquier señuelo de superficie o media agua.

Cargando a cuestas durante varios días con el anhelo de estar en la costa para hacer un poco de ejercicio y de paso, continuar poniendo a prueba mis habilidades, los equipos de pesca, la efectividad de algunos nudos y por supuesto, disfrutar el mar.

El plan era enfrentarme con un buen Madrigal, pero para mi sorpresa no fue uno, fueron seis las contiendas con las que pude deleitarme en esa jornada, usando incluso, distintos equipos de pesca.

La luz suave del atardecer me recibió al llegar a la playa, justo antes de pleamar y con tiempo suficiente para armar mi caña U.L. de 8,6 pies.

Comencé colocando un pequeño minnow de color blanco y violeta de aproximadamente once gramos de peso, que me ha resultado mucho en las aguas bajas de la costa. En mi carrete llevaba un poco más de 160 yardas de línea braid de 6 lbs.

Con un shot leader de 10 libras de monofilamento de 10 metros de largo aproximadamente.

Me dirigí a pescar cerca de una zona donde algunas piedras eran golpeadas por olas bastante altas, las mismas que metros más adelante, eran surcadas por alegres surfistas que le sumaban a la tarde una buena cuota de entretenimiento.

Me adentré al agua, avanzando poco a poco… resultándome difícil a pesar de todo mi esfuerzo, distinguir algún movimiento que delatara la presencia de algún depredador cerca, debido al constante movimiento de las olas, el ruido me impedía escuchar si algún cardumen saltaba al ser emboscado. Busqué una zona más solitaria para castear. Solo algunos eventos lejanos, me anunciaban ataques de ejemplares de buen tamaño que alimentaban mi esperanza.

Lo mejor es que no había realizado ni tres lances cuando percibí esa sensación que solo un pescador sabrá entender. El jalón había sido lo suficiente fuerte para doblar por completo mi caña y comenzar una pelea que me mantuvo ocupado cerca de 20 minutos.

Los metros de la línea que lograba traer al carrete se devolvían en segundos, obligándome, además, a caminar por la playa para cuidar la captura, teniendo en cuenta el hecho de estar trabajando con un equipo ligero.

Las expectativas se cumplían, un hermoso Madrigal de buen tamaño había boyado a unos metros de la orilla después de largos minutos de pelea, para salir de nuevo hacia aguas profundas de manera imprevista y brusca… ¡así son estos peces!

Se sabe que el Madrigal como todos los Jureles, es un excelente peleador, de mucha fuerza y que nunca deja de moverse, lo que para cualquier pescador – más con equipo ligero – su captura significa un reto que genera mucha adrenalina y un goce único por esta actividad.

Recordaba que el ataque al señuelo había sido en una zona rocosa, también profunda, distante unos cuarenta metros a la orilla, lo que explicaba las corridas en varias direcciones.

Mis imágenes eran interrumpidas por una nueva salida de línea: otra vez la caña doblada, otra vez el carrete girando sin detenerse, llevando mis emociones al límite y obligándome a caminar de un lado a otro entre la espuma, hasta que a pocos metros pude verlo acercarse a la superficie para intentar regresar… esta vez, solo fue un intento: nueve libras de puros músculos llegaban casi sin fuerzas hasta mis pies, destellando impotencia y arrastrado por la espuma, apenas queriendo ofrecer resistencia.

Con los ánimos en alto y en busca de otra captura, tomé mi caña de 9 pies, tenía un carrete de spinning tamaño 4000, armado con braid de 20 lbs. animado a pelear lo que fuere, que se dejara tentar por un buen Popper, que estaba por lanzar.

A los pocos minutos y ¡de nuevo al ruedo! un buen tirón dobló mi caña con más fuerza. Suerte que, con este equipo de mayor resistencia, podía disfrutar más confiado esta captura.

No hay dudas que el Madrigal es un contendiente digno de enfrentar y que ojalá, todo pescador pueda compartir una experiencia como está: única y difícil de olvidar.

Una experiencia que, vivida con colegas, sin ser una competencia, es siempre una oportunidad de aprender enseñando y enseñar aprendiendo, tal y como espero que los números de esta revista nos permitan compartir más vivencias de este tipo, desde una roca, desde una lancha o en un lago con ejemplares de menor tamaño.

Porque este universo del pescador se vive con momentos de gloria que no se miden con la talla del pez ni con la cantidad de capturas, sino con el goce que produce tener un espécimen en la línea, mediante la aplicación de tu esfuerzo y conocimientos.

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