Reportaje

Emprendedores de la pesca

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Ricardo y Rafael son pescadores de corazón del Puerto de La Libertad, tan amantes del deporte que decidieron poner a prueba su capacidad y destreza para materializar un sueño, un sueño de casi todo pescador…tener una lanchita para pescar… construida con sus propias manos.

Nos cuentan que trabajando con fibra de vidrio reparando lanchas, un día se pusieron a soñar lo que sería si construían su propia lancha, acá el inicio de la aventura aunque con un corto presupuesto inicial de $150 pusieron manos a la obra.

Tomaron como molde un cayuco que días atrás habían reparado; para pronto darse cuenta que uno de ellos resultó ser alérgico a la fibra de vidrio, primer tropiezo para continuar, reasignándose tareas decidieron continuar, colocando las primeras capas de fibra ese mismo día.

En esa misma semana ya con el entusiasmo de estar en el proyecto tuvieron su segundo tropiezo, ya no hay material y tampoco dinero para ir por más; bueno a trabajar se ha dicho en la “taxiada” (medio de sustento de uno de ellos manejando un taxi) y a seguir reparando lanchas y esperar a reunir más dinero para seguir.

Los días pasaron y poco a poco fueron llevando los materiales para seguir la construcción del proyecto: las reglas de madera para las muras, los flotadores, gallon por galón de resina, libras de fibra; porque trabajando por el sustento de su hogar y familia ya quedaba poco dinero para la lanchita.

A todo esto pasó un proceso de construcción de tres años cosa que sirvió de burla de algunos de sus conocidos, que les preguntaban: ¿cuándo terminarían la catedral que estaban construyendo? (porque nunca terminaban), pero el tiempo apremiaba, a uno de ellos la suerte le sonreía y tenía la oportunidad de irse para España dentro de una semana.

Ambos sabían que el proyecto no podía quedar tirado, con todo el gasto en materiales que con tanto sacrificio habían comprado, afinando detalles finales en el diseño y haciendo en 4 días lo que en 3 años no habían hecho, más una manita de pintura, por fin la embarcación estaba terminada pero faltaba la última prueba, ver si no se hundía.

A un día del viaje a España, con cayuco en el techo del auto, y decididos a lo que sucediera se fueron al Estero de Jaltepeque a la prueba final, teniendo como resultado un cayuco estable y confiable y como premio la captura de un buen Jurel que después fue almuerzo familiar.

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